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Full text of "La Ilustración Guatemalteca"

Hl El 




I.0NDON HOUSE: 

W.H.MARKSaC? 

62a«5 MARK LAÑE. E. C. 



MARCAS DE VENTA: 



JEREZ 

Jerez Pálido. Jerez Fino. Jerez Raya. 
Jerez Oloroso. Jerez Amoroso. 

khnzknillhs 

Manzanilla. Manzanilla Olorosa. 

Manzanilla Superior. 

hmontillhdos 
Amontillado Superior. 

Amontillado Pasado. 
Amontillado Fino. 

S E L.ECTOS 

Tres Cortados. India (Navegado). 
Palo Cortado. Dos Cortados. 



dulces 

Pedro XiMÚNiizSuriiKioR. Moscatel Fino. 

Moscatel Superior. Pedro Xxmsnkz. 

COC N KC 
Una * Dos * * Tri:s • ¥ • 

ESPECi HL_ I DK DES 

San JORGB i K:i\ i 
Infanta lAinmi. i ELIXIR EXQUISITO I Aumu.'i 
El AXGU \CU. ( (Kiioso li". 
Victoria Regina (Solera Vi< 
Pedro Ximénkz (Viejísimo 
Vivo para Consagrar. Vino para I nirrmos. 
Non Plus Ultra. 



Los pedidos se harán á la casa de Jerez. 

Estos vinos se hallan de venta en todo ahumen de importancia. 



Ángel J. Espert, 



Agenta General 





Ia Ilustración del Pacifico 







AÑO II. 



Guatemala, i de Abril de 



REVISTA QUINCENAL 
Síguere & Cía., Editores Propietarios. 

Dr. Ramón A. Salazar. Director 
Oficinas y Talleres: 6a. Ave. Sur No. ii. 

Suscripción : Un año en la República, pago adelantado. ... $10.00 

" " en el Exterior " " .... 12.00 

Número suelto 50 centavos. 

La Suscripción puede comenzar en cualquier época. 

Todo pago precisamente adelantado. 

Correspondencia : Para todo lo relativo á la Redacción y Ad- 
ministración económica, dirigirse á los Editores, 
SÍGUERE & CÍA. 
Apartado de Correo No 12. Guatemala, C. A. 

No se devuelven los originales que se nos remitan. 

Comas 2ííur y sus obras. 

-«j^ ESTINADO nuestro periódico á dar idea 
II y) del movimiento literario y artístico que 
'Y s< 5 realiza entre nosotros, nada nos pa- 
rece más justo que consagrar algunas cuartillas 
á dar á conocer los trabajos de uno de los 
artistas más notables que han llegado á nues- 
tro país, 5' que durante varios años ha sido uno 
de los mejores ornamentos de nuestra sociedad. 
Verdad es que don Tomás Mur, persona á 
quien nos referimos, no necesita de nuestros 
elogios, pues ha grabado su nombre en los 
anales guatemaltecos con obras monumentales 
que harán perdurable su memoria entre noso- 
tros. Verdad también que es arrogancia nues- 
tra el juzgar los méritos del artista, que 
merece la crítica de un Madrazo ó de un Ba- 
lart, y no una pluma inesperta en materia de 
arte como la nuestra. 

Que nos disculpe, sin embargo, en gracia á 
que deseamos corresponder á las deleitosas 
horas que hemos pasado en su Estudio, que 



en días bonancibles para la República fué cen- 
tro en donde se reunía lo más selecto que hay 
en Guatemala, hoy que está próximo á alejarse 
de nosotros en demanda de nuevos horizontes 
en los que una civilización anterior ha dejado 
sus huellas, que Mur quiere estudiar para be- 
ber nuevas inspiraciones y dar forma tal vez á 
ideales grandiosos. 

Allí rodeados de exquisitos especimens de 
arte, sentados en blanda otomana y entre el 
humo del narghilí ó de un cigarro de la Vuelta 
Abajo nos hemos deleitado siguiendo al maes- 
tro en sus concepciones, ora viéndolo modelar 
algunas de sus obras, sorprendiéndonos al verlo 
dar forma, vida y movimiento al barro inerte 
con mano habilísima, ó trasladando al lienzo la 
gama de los colores cuyos secretos posee. 

De ese modo casi surgió á nuestra vista ató- 
nita su gran concepción artística del monu- 
mento de Colón, y así también vimos delinearse 
poco á poco hasta adquirir vida la venerable 
figura del obispo Marroquín, retrato que fué 
hecho por encargo de la Escuela de Derecho, 
en cuya galería se exhibe como la obra más 
acabada de cuantas allí existen. 

Así nos hemos dicho muchas veces, así de- 
bió ser el rostro de aquel grande hombre : 
apacible lleno de unción : así el capitán Crespo 
Suárez, cuya memoria también se ha querido 
perpetuar, y que al pincel de Mur ha debido 
el retrato que forma pendan! con el del obispo 
Marroquín en la colección que hemos men- 
cionado. 

Mur es poeta, pintor, escultor y arquitecto. 

Joven aún, pues nació en Zaragoza, España, 
el 20 de enero de 1855. posee un temperamento 
de verdadero artista. A veces lo subyuga y 



/..-/ /ÍA'STRAC/OX DEL PACÍFICO 



arrebata hasta llevarlo a las regiones de un 
ideal que no es de nuestros tiempos prosaici s 
en que el mercantilismo lo lia invadido todo, 
hasta el santuario del arte, ya que la gloría y 
el renombre figuran como factores secundarios 
aun para los espíritus privilegiados ; pero el 
señor Mur nos ha parecido siempre una ex- 
cepción. 

Pasaron los tiempos del Renacimiento en 
que el artista trabajaba para la gloria. Esto 
depende quizá de que faltan Mecenas y pro- 
tectores, como los Médicis y los Pontífices ; 
pero también estímulos de otro orden. 

El artista necesita del aplauso. 

Para un verdadero artista vale más la ova- 
ción que el oro. 

No os es fácil crear, sino halláis el coro que 
os cante y alabe. 

i Qué inspiración puede caber en un artista. 
si atrás tiene quien le regatee el trabajo, y si 
en recompensa de él se le adelantan unas cuan- 
tas monedas en vez del aplauso ? 

Nosotros hemos oído hablar á Mur lleno de 
fervor, del anhelo por la gloria. La gloria 
para él no es la del guerrero que escribe su 
nombre con sangre de su semejante, ni que 
graba su historia en páginas de luto : aves 
siniestras que se complacen en la destrucción, 
tanto más grandes cuanto más exterminadoras. 

El artista por el contrario crea, da forma á 
concepciones ideales, ó reproduce la naturaleza 
con todo su vigor, con toda su vida, y á ex- 
pensas del consumo de su propia existencia la 
da nueva á las fantasías de su imaginación cal- 
deada por la llama sagrada del arte, é impulsa 
á la humanidad por vías de paz y de progn 
en las que no influye poco para su misión civi- 
lizadora. 

Ante el monumento del guerrero los rostros 
se vuelven sombríos. Ante el del artista ra- 
diosos y llenos de admiración. 

Mur conoce la misión del artista y ama el 
arte por el arte. Para él este es un ni dio \ 
no un fin. Las obras (pie marcan su paso por 
Guatemala le han producido más gloria que 
dinero contante. El monumento de Cristóbal 
Colón que todos admiran en el Parque Central, 
y que puede competir con los mejores trabajos 
de su género, no ha produi ido al artista sino 
insignificante suma que á penas le ha bastado 



para cubrir sus gastos. Tuvimos la honra de 
contratar con él ese trabajo y confesamos inge- 
nuamente que nada nos sedujo más que el 
desinterés con (pie el maestro se prestaba á 
ejecutar la primera y más monumental de las 
obras con que Guatemala conmemoraba el 
descubrimiento de América. 

El Gobierno de Guatemala del que formaba 
parte el que estas líneas escribe, había pedido 
á España y á Italia proyectos de monumentos 
con tal objeto, que vinieron firmados por 
maestros muy conocidos en el mundo del arte, 
pero que no satisficieron al Gobierno, pues no 
salían del molde común de cuyos ejemplares 
está lleno el Viejo y el Nuevo Mundo, cada 
vez que se ha tratado de reproducir la gran 
figura del descubridor de América. 

El General Reina Barrios, lleno por entonces 
de los más bellos ideales en pro del engrade- 
cimiento de su país y del embellecimiento de 
la capital de la República, no se mostró satis- 
fecho de aquellos proyectos. Por entonces lle- 
gó á ésta el señor Mur, que ya en otra época 
había visitado nuestro país, y recibió el encar- 
go de tomar parte en el concurso con el objeto 
indicado. 

Y la obra no se hizo esperar. A los pocos 
días presentaba el croquis que después realizó 
con algunas ligeras modificaciones, y que hoy 
es uno de los más bellos ornamentos de la 
capital. 

Había en ese trabajo concepción genial, 
evidente originalidad y mucho de audaz como 
lo requería la figura del grandioso héroe que 
se trataba de conmemorar por la hazaña por- 
tentosa que supo llevar á cabo merced á su 
genio y á su constancia sin igual. 

En efecto, tanto los artistas italianos como 
españoles fuera de la figura convencional del 
gran genovés representado con justa razón con 
el traje de las gentes de ciencia del siglo XVI, 
llevando en la mano izquierda el estandarte de 
Castilla, la mirada dirigida al infinito, v la 

derecha mano señalando 1<> desconocido de 

donde debía surgir el mundo adivinado por el 
genio portentoso del humilde hijo del cardador 
de lanas, no han podido salvarse de la columna 

más ó menos alta, ornamentada con emblemas 
y trofeos marítimos, para colocar en su remate 
la figura heroica del gran Almirante 




¡)on Uomáái Mur. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



Así por lo menos son los monumentos de 
Genova, Madrid, Barcelona, Nueva York, para 
no mencionar más que los principales. Mur 
saliendo de lo que pudiéramos llamar moneda 
corriente, ideó su obra con una concepción ver- 
daderamente genial. Basta ver el monumento 
para convencerse de ello. 

Como lo estrecho de estas columnas no nos 
permite extendernos cuanto desearíamos, nos 
contentaremos con dar explicación sucinta de 
la idea que inspiró al artista. 

Del mundo antiguo, incompleto, represen- 
tado por el hemisferio que forma la base del 
monumento, se destacan tres figuras colosales, 
que tienen torsos y músculos cual Miguel Án- 
gel los ideaba para sus figuras, y que represen- 
tan la Paciencia, la Ciencia y el Valor, las tres 
grandes fuerzas á que Colón debió su triunfo. 

Estos cíclopes con un esfuerzo soberano lo- 
gran hacer surgir de las tinieblas, luchando 
contra la tradición y la ignorancia, el Mundo 
Nuevo ; es decir el astro entrevisto en las visio- 
nes del genio de Galileo, la tierra redonda 
suspendida en los cíelos, y girando en el éter, 
en la marcha triunfal de los soles y de los pla- 
netas en rededor del Gran Desconocido que 
rige con leyes potentosas apenas entrevistas 
en nuestra miopía, el infinito número de los 
mundos que pueblan el Universo. 

Sobre el globo terráqueo que Colón completó, 
y en el que Elcano marcó la estela de su nave 
como un zodiaco en el que vivirá eternamente 
esculpido el nombre español, y que Galileo 
suspendió en los espacios, se destaca colosal la 
figura del Descubridor radiante por su triunfo, 
ancha y redonda la frente, de donde América 
surgió, como en otro tiempo Venus del Océano, 
señalando no el mundo soñado, sino el real y 
positivo por él acabado de descubrir. Sus 
cabellos antes rojos y escarnecidos por el vulgo, 
hoy plateados por el calor de la idea, que le 
sirven de aureola y de corona, tan rica y tan 
venerable como jamás potentado alguno las ha 
llevado en la tierra. 

Como obra plástica el monumento reúne las 
condiciones que una obra de tal naturaleza 
exige : el pensamiento en que está inspirado se 
halla expreso perfectamente ; los contornos de 
las figuras, su vigor, revelan en el autor estu- 
dio concienzudo anatómico y atestiguan su 



profundo respeto por las le5'es eternas del arte 
inspirado en la realidad. Sin temor de equi- 
vocarnos y cuando ya la obra del señor Mur 
está juzgada, la calificamos como de maestra, 
que puede competir con cualquiera de las repu- 
tadas como tales en Europa y en todo el Con- 
tinente Americano, habiendo tenido la fortuna 
de haber armonizado la realidad con lo colosal 
de las proporciones de sus figuras. 

Frente al Colegio de Indígenas, que es un 
palacio que muchos potentados envidiarían 
para su habitación, se eleva otra obra del señor 
Mur : es la estatua de Bartolomé de las Casas, 
el dominico infatigable que consagró su vida á 
salvar del peso de las encomiendas y de la es- 
clavitud á los indígenas de América. 

El padre Las Casas venerado como un bene- 
factor de la humanidad, era acreedor de los 
guatemaltecos de una obra que perpetuase en 
bronce su memoria. Después de Colón que 
tocó con su sagrada planta nuestras costas 
septentrionales, ninguna figura humana más 
colosal durante la conquista que el padre Las 
Casas y que haya vivido en Guatemala. 

Aquel monje turbulento que hizo siete viajes 
á Europa, que recorrió á pié desde la capital 
de Méjico hasta Guatemala, que estuvo en 
Chiapas, en Nicaragua, en Lima, y en todas 
partes en donde se necesitaba su presencia para 
protestar contra las iniquidades de que eran 
víctimas los aborígenes, que escogió la tierra 
de Tesulutlán para ensayar su sistema de con- 
quista por medio de la predicación evangélica 
y no por las armas, y la que inmortalizó en la 
historia con el nombre de la 1 'era Paz ; histo- 
riador, polemista, terror de los encomenderos, 
cuyos años se cuentan por otras tantas hazañas 
evangélicas, y que murió en Madrid, en de- 
sempeño de una comisión que le había enco- 
mendado el Cabildo de Guatemala, es una 
figura histórica que casi nos pertenece, como 
si fuera guatemalteca. 

Por eso fué que el Gobierno y el pueblo de 
Guatemala aceptaron complacidos el obsequio 
de la colonia española establecida en el país, 
de la estatua del célebre apóstol. 

Ese bronce representaba la protesta del siglo 
XIX contra las iniquidades de los siglos colo- 
niales, y colocada como se halla frente al ins- 
tituto en donde se educan los indígenas, es 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



mucho más significativo. Alh ven aquellos 
niños hijos de una raza desgraciada al filósofo 
que luchó por ellos, enfrentándose .i mis con- 
ciudadanos, que llevó basta las gradas del 
trono de Carlos V las quejas de una raza opri- 
mida, sobre la que se cernía el destino impla- 
cable que la iba á arrebatar los últimos des- 
tellos de sus tradiciones, y á condenarla irre- 
mediablemente á la decadencia física e inte- 
lectual en que boy la venios sumida. 

El fraile está en pié : los contornos del crá- 
neo revelan todo un pensador ; y las mandí- 
bulas movidas por músculos poderosos di mués 
tran que pertenece a la raza de los batalladores. 
Lleva en una de las manos el libro de su té. 
con el cual se propone regenerar al indio, y 
extiende la diestra protectora sobre el pobre 
cachickel que 'desnudo y de rodillas busca 
amparo y refugio en brazos de su apóstol. 

Hizo bien el artista en representar al indio 
por la figura de un niño Ya habían pasado 
los días de la conquista en que sus padres lu- 
charon como leones en crudas batallas en 
defensa de su territorio y de su libertad. Te- 
cum Human, el último de los héroes de la 
conquista yacía en tierra muerto por mano del 
mismo Alvarado en la ladera de Santa María ; 
los príncipes de la casa real habían sido que- 
mados al pié de los mnros de Cumarchá, y 
todo el país se hallaba sometido al conquista- 
dor que había hecho de los aborígenes esclavos 
para labrar su tierra, explotar sus minas y 
trasportar sus mercaderías en hombros de uno 
á otro océano. 

¿ Qué consuelo ni qué esperanza cabía en 
aquellos desgraciados en los días tremendos 
que sucedieron á la invasión ? Los más viri- 
les hallaron la muerte en el combate, otros la 
fueron á buscar en los bosques, entre las fieras, 
más compasivas que el conquistador ; y el resto 
la encontró en el laboreo de las minas como 
en las de Quito á donde se trasportó en masa 
á multitud de indios que murieron de frío en 
las faldas de la cordillera. 

Así se despobló Centro- América y asi se 
domó el orgullo bravio del indígena 

La obra escultórica de Mur más reciente, 
con la que ha puesto punto á sus trabajos en 
Guatemala, ha sido la estatua de la señora de 
donjuán P. F. Padilla, destinada al mausoleo 



que guarda sus cenizas. Es de tamaño natu- 
ral, bien sentida y ejecutada y es expresiva y 
de mucho parecido : en ella supo vencer el 
artista las dificultades que presenta la indu- 
mentaria moderna, sacando un gran partido 
en la composición general y la agrupación de 
pliegues ejecutados con un realismo que causa 
completa ilusión. 

Digimos al principio que el señor Mur es 
peota, pintor, escultor y arquitecto. Como en 
los artistas del Renacimiento, todas las bellas 
artes han encontrado en él terreno apto para 
desarrollarse. De lo primero dio prueba su 
preciosa comedia El día del desposorio, que en 
Madrid alcanzó éxito muy lisongero, y que el 
público de Guatemala aplaudió calurosamente 
en el Teatro Colón en el año de 1893. Crítico 
de arte, en la prensa local, bajo el pseudónimo 
de Justo Abarca, han figurado sus produccio- 
nes leídas con gusto y bien acogidas por lite- 
ratos y profanos. 

Como pintor, deja entre nosotros, repetimos, 
los retratos del obispo Marroquin y del capi- 
tán Crespo Suárez, fundadores de nuestra 
Universidad, que pregonan el mérito del artista. 
Quien vea esas obras del señor Mur, compren- 
derá desde luego que el pincel del autor moja 
en la misma paleta mágica de donde tomaron 
sus tonos Carolus Durero y Madrazo. Muy 
difícil debe ser el género del retratista cuando 
tan pocos han logrado sobresalir en él. 

Mur no ha hecho pinturas de fantasía al 
delinear las figuras venerables de los fundado- 
res de nuestra Universidad, pues le sirvieron 
como datos dos malas pinturas al óleo de la 
época colonial. Siempre contemplamos con 
reverencia, cuando asistíamos á las aulas, las 
cabezas de aquellos hombres ilustres, que en 
época de obscuridad y de preocupación, y á la 
vez de conquista, se supieron adelantar á su 
tiempo, legando sumas de consideración para 
fundar el primer establecimiento literario de la 
América Central. Marroquin y Crespo Suárez 
han sido y son para nosotros objeto de un 
culto patriótico. 

Va se comprenderá, pues, cuan grata s;uís 
facción nos habrá causado contemplarlos de- 
vueltos á la vida por el pincel de Mur. A-i 
debieron ser, como están en los cuadros, los 
rostros de aquel apóstol de la idea y primer 




f 09 CFI fl0 JW W 1W »i itsnua-fifc 



Monumento á Cristóbal Colón 
Erigido en el Parque Central — Obra de Don Tomás Mur. 



LA /LUSTKACION D/iJ. PACIFICO 



213 



obispo de Guatemala, y del tesorero Crespo, 
guerrero y benefactor de su segunda patria. 
La frente del señor Marroquíu revela tranqui- 
lidad, dulzura y abundancia de pensamientos : 
la tiene inclinada sobre la mano derecha en 
actitud reflexiva, como quien fué testigo de 
acontecimientos tan trascendentales como los 
de la conquista y las cruentas escenas que se 
siguieron á ella en que jugaron tan principal 
papel él y su amigo el Adelantado. 

En la figura enjuta retratada por la de Crespo 
Suárez, se ve el guerrero infatigable y altivo, 
pero que también revela al hombre superior 
para el que las letras y la actividad del pensa- 
miento es ocupación agradable que no exeluj'e 
la fortaleza de su ánimo ni la robustez de su 
brazo. 

Mur ha dedicado estos últimos años com- 
partiendo su tiempo entre la escultura y la 
arquitectura, dominando en su ánimo, alo que 
hemos podido juzgar, esta última, sin que haya 
olvidado á sus hermanas. En el ejercicio de 
la gran arquitectura monumental ha compren- 
dido que hay campo extenso para desarrollar 
grandes concepciones de arte ; y á pesar de las 
exigencias de los tiempos, todo su afán ha sido 
proyectar construcciones grandiosas y com- 
plicadas en las que probar sus fuerzas artísti- 
cas con la mayor amplitud posible, acometiendo 
obras de verdadera importancia. En la Expo- 
sición Centro-Americana celebrada en el año 
anterior figuraron dos concepciones grandiosas 
de Mur, quien por otra parte obtuvo el único 
i¡ran premio concedido á la escultura, por sus 
estatuas monumentales, siéndole concedida la 
primera medalla de oro como arquitecto por los 
proyectos á que nos referimos. 

Son éstos un " Monumento Nacional " que 
debió ser construido en Guatemala, y el " Tea- 
tro " para la ciudad de Santa Ana en el Sal- 
vador, cuyos grabados publicamos en este 
número. No se han llevado á efecto por falta 
de fondos para la construcción, no obstante 
haber sido aprobados y premiados ambos pro- 
yectos, respectivamente, por el Gobierno de 
Guatemala y por la junta de Fomento de Santa 
Ana, pero el autor ha sido indemnizado en 
parte, y se reserva la propiedad de los proyec- 
tos para aplicarlos á lo que le convenga en lo 
futuro. 



Otras muchas obras, de diversa importancia, 
ha ejecutado y proyectado Muren Guatemala ; 
pero sería tarea demasiado prolija el mencio- 
narlas todas ellas ; basta con de ito con el 
grabado}- la plurua en este núni o de "La 
Ilustraci n " para que nuestro lectores se 
formen una idea de las cualidades rtísticas del 
distinguido arquitecto y escultor español objeto 
de este artículo. 

El señor Mur piensa abandonarnos tempo- 
ralmente, pues tiene el propósito de hacer un 
viaje por el Norte con el principal objeto de 
estudiar los monumentos antiguos de Méjico. 

Tal vez Mur piense tomar apuntes de las rui- 
nas arquitectónicas de los antiguos mayas y 
/o/lecas para utilizarlos en alguno de los gran- 
des proyectos de obras monumentales que tiene 
en cartera el distinguido artista. Nosotros 
que lo conocemos bien, que en largas horas de 
sabrosa plática en las que la palabra con entera 
libertad expresa al desnudo las concepciones 
de la mente, hemos podido apreciar los vuelos 
de su imaginación de artista, sus aspiraciones 
vehementes, sus anhelos por realizar nuevas 
obras de esas que inmortalizan un nombre, 
hacemos votos por el buen éxito de su viaje y 
porque nuevos triunfos esmalten siempre el 
glorioso camino del arte que recorre con planta 
tan segura como bien dirigida. 

Rasión A. Sai. azar. 



Hay mucha gente que posee loros y que 
tienen la costumbre de besarlos y de darles la 
comida acercando la boca al pico del animal. 

Tal cosa constituye una verdadera impru- 
dencia, porque puede engendrar una enfer- 
medad de índole infecciosa llamada psítaco 
sis. 

Dos médicos franceses, los doctores Gilbert 
y Fournier, llaman la atención sobre esto, ex 
poniendo cinco casos clínicos por ellos obser- 
vados. De esos casos dos fueron mortales ; 
las dos personas atacadas fallecieron en pocos 
días, presentando en ellas la afección los sin 
tomas de una fiebre tifoidea, de forma ataxo 
adinámica, sin fenómenos abdominales, pero 
con una gran perturbación del sistema ner- 
vioso. 



214 



LA II 'MSTRAXION DEL PACIFICO 



€as filotes. 

- ' j NA de las cosas me refiero á los prime 
j- | ros aflos de mi juventud que entonces 
más me impresionaban, eran tas flores 
en su inmensa variedad > galanura. Estas 

l>or sus matices, aquellas por su forma ó poi 
su .ironía, todas tenían para mí un siento en 
Canto que. sin querer, me cautivaba y atraía. 
La vista de un jardín me fascinaba. I'la 



aquel cuadro seductor, sobre el cual caía en 
cascadas de oro diluido la luzy revolaban in- 
constantes las mariposas veraniegas; yo me 
entregaba á largas, ociosas cavilaciones. 

Mi imaginación ardiente como el pájaro 
libre que abre las alas y se eleva, y se eleva 
basta perderse en la azul inmensidad, cruzando 
los inconmensurables espacios del pensamiento, 

evocaba recuerdos extraños, contemplaba re- 

gii mes desconocidas. 




nio o 



imi\ tomas mik. 



ríame el conjunto de i U s flores hacinadas des- 
tacarse, inundadas por la luz, de entre el hú- 
medo follaje de verdura : y aspirar desdi 
el aire enriquecido con su aroma, era uno de 
mis placeres favoritos. 

Allí pasaba limas tras huras embelesado en 
i ontemplar á aquellas pobres y hermosas hijas 
de la tierra que, engalanadas como reinas, ,,s- 
tentaban á mis ojos sus ricos trajes de raso ] 
terciopelo y sns espléndidas diademas de 1 >i i - 
liantes. 

Y en tanto gorjeaba alguna ave en la enra- 
mada, y herían mi retina los vivos tunos de 



Pensaba, por no se qué extraña asociación 

de ideas, en las inmortales nupcias de Titania 
y Olieron sobre la tierra virgen cuajada de 
flores puras y lozanas y henchida de perfumes 
y armonías; fantasía del gran trágico inglés 
que había leído al mismo tiempo que las subli- 
mes escenas del King I.eai y de Ótelo. 

Pensaba en los jardines ilutantes de Babi- 
lonia y Xinivc, tenidos por fabulosos, y que 
yo bien me imaginaba destacándose sóbrelos 

tei rados blancos de las casas bajo el dorado 

.ielo de la Asiría ¡ y en las frescas chinampas 

del TezCOCO y XoximÜCO de que nos hablan, 



I.A ILUSTRACIÓN »EL PACIFICO 



encantándonos, las historias. Y ofrecíanse a 
mi mente, que recorría los tiempos patriarcales 
y clásicos, las guirnaldas de trébol y de rosas 
con que en sus fiestas sagradas ceñian sus 
sienes las garridas doncellas de Judea, y las 
que en medio de vítores y aplausos se ofrecían 
al vencedor en las profanas de Atenas y de 
Roma. 

Evocaba esos campos floridísimos de Persia 
v de Turquía donde para convertirlas en esen- 



niece sobre las ondas fugaces en las márgenes 
del Nilo. 

A esas visiones fúlgidas y suaves como el 
iris que orna el cielo después de la tormenta, 
seguían otras y otras, menos brillantes, quizás, 
pero no menos bellas á mi ver; apareciendo 
entre ellas, las húmedas y tristes arborecen- 
cias que brotan en el seno de los mares, donde 
nacen las algas, incuban las perlas y crecen los 
corales; y sobre un campo yermo y desolado 



í 




W&MMm <*jm&0J& 7 



JK-jKg 




\l. PK l'N PROYECTO DE TEATRO 1'AkA EL SALVADOR I'OK DON TOMAS Ml'R. 



cias se cosechan por miríadas las rosas ; y 
donde, perdidas entre ellas, las bellas circa- 
sianas, sus rivales, se embriagan y solazan al 
cortarlas con su perfume lascivo. 

Soñaba en las profusas vegetaciones de 
América y de Asia, con sus maderas ricas y 
olorosas y sus extrañas flores singulares, de las 
que se habla en mitos y leyendas y se descri- 
ben en los cuentos guerreros y en las viejas 
epopeyas ; y en aquella simbólica flor africana, 
la flor del loto, de hojas azules como las pupi- 
las de las vírgenes valkirias, que nace y se 



y bajo un cielo pálido y sombrío, esa.; puras. 
Cándidas, deslumbrantes cristalizaciones que 
se conocen con el nombre de/iores de hielo. 

O bien dando un curso distinto á mis idea- 
meditaba en la rara y tantas veces notada se 
mejanza que hay entre las flores y las mujeres- 
jóvenes y bellas: semejanza ¡ a y ! que acaso 
consiste en ser unas y otras puras y hermosas 
y en ser sil pureza tan frágil y su hermosura 
tan efímera ! 

De aquí, sin duda t la marcada predilección 
tiue las segundas muestran por las primeras 



216 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



Desde 'iva- -n^ instintos se revelan, la mujer 
ama con entrañable amor á las flores, lillas 
son la alegría de su infancia, las tiernas conti 

dentes de sus amores, el símbolo de sus afectos, 
las compañeras de sus bodas y el triste y más 
propio ornamento de su frente y de su tumba, si 
es que el destino, tan cruel ¡ ay ! ron las hemo 
sas. le tiene reservada una muerte prematura. 

Ofelia espiró deshojando sobre las ondas de 
un rio. las que en su dulce demencia había 
¡do entre su falda : María, la tierna hero- 
ína de la novela americana, murió antes de 
florecer el rosal que plantara por SU mano en 
recuerdo de su amor : las flores del naranjo, 
blancas y fragantes, cubren la tumba de Gra- 
ciela, cuyo último sueño arrullan con eterno 
arrullo las olas del mar en la playa de Sorrento: 
sobre la de Manon brotan y unieren, sin nom- 
bre como SU fosa, las que alegran las inmen- 
sas soledades del desierto ; y bástala espiritual 
y mundana Margarita gustaba de adornar con 
ramos de camelias aquel seno suyo que agita 
ron y que al fin rompieron las pasiones. 

Remontando mis recuerdos á los dichosos 
días de mi infancia, las veia, á mis flores, bro- 
tar aqui y allí sin arte ni concierto en el jardín 
pequeño de mi casa : la-- veía, formando gra- 
cíosos ramos y bellísimas guirnaldas adornar 
los altares del templo de mi barrio en los solem- 
nes días de sus fiestas; y las veia, en fin, caei 
deshechas en menuda lluvia de colores, en las 
grandes festividades religiosas, sobre la senda 
que entre músicas y cautos y en medio de la 
compacta y movediza muchedumbre, recorrían 
la Virgen y los ángeles. 

Ni s¿ por qué venía -á mi mente el recuerdo 
del primer niño que vi muerto, tendido, páli- 
do y frío, sobre su blanco túmulo de Sores : 
y el del pensamiento <jiie me asalta entonces, 
contemplando la limpidez del cielo y la mag- 
nificencia del sol en ese día, de cómo en medio 
de tanta luz y tanta vida, puede uno morir ! 

Tornaba después de esta- y otras divagacio- 
nes del bello mundo de los snefios á la reali- 
dad no menos bella y sorprendente : á aquel 
grupo de preciosas flore-- que á mi vista des- 
plegaban, orgullosas O modestas, la pompa de 
sus galas, derramando al propio tiempo i OM 
regi'i derroche el tesoro de sus ]>erfnmes va- 
rios y gratísimos 



Considerábalas entornes una á una, notando 
hasta sus mas pequeñas particularidades y de- 
talles y, aunque ignorante de sus propias vir- 
tudes y de sus denominaciones científicas, yo 
por eso no las distinguía ni quería menos ; que 
lo que amaba en ellas únicamente era su fra- 
gancia y su belleza. 

Allí estaba la rosa blanca como la cera de 
Castilla, y la que huyendo un día perseguida 
tifió Venus con su sangre. 

Allí el jazmín de hojas tersas y sedosas; y 
la candida azucena, símbolo de la pureza, con 
sus estambres de oro y el cáliz inclinado sobre el 
tallo, como una virgen melancólica de Becker. 

Allí el nardo alabastrino reventando en bo- 
tones en las varas olorosas ; y las violetas per- 
fumadas cuyo aroma penetrante tiene no se 
qué vaga poesía, algo que evoca siempre la 
memoria del primer amor, de la ardiente ado- 
lescencia. 

Allí el pálido nenúfar que, como Narciso, se 
ve eternamente en el cristal de los lagos y los 
ríos ; y la áurea é incorruptible inmortal que, 
como ciertos amores, permanece invariable á 
desp clio del tiempo y del desvío. 

V el mirto orgulloso, y el clavel rojo como 
la púrpura de Tiro de que teñían sus mantos 
los Cesares antiguos, y la dalia vanidosa, y el 
heliotropo y la mosqueta, y otras muchas y 
muchas cunos nombres no podría enumerar 
ahora ; sin mencionar enredaderas y campani- 
llas de múltiples y vivísimos colores que tre- 
pando ]«>r doquier colgaban aquí y allí sus 
aéreos y móviles festones 

Allí estaban á mi vista mecidas por el viento 
y bailadas por los puros y deslumbradores 
rayos (J e l sol meridional, en medio de una 
atmósfera de gloria que henchían, al parecer, 
con lisonjas halagüeñas y declaraciones impor- 
tunas, los insectos ocultos en la grama y los 
pájaros que á aquel sitio concurrían. 

Allí estaban ufanas y felices, gozando de la 
luz, como si no hubieran de marchitarse pronto 

y de desaparecer al concluirse su estación ; y 
yo las contemplaba embebecido sin parar mien- 
tes en esta circunstancia. 

¡ Feliz ' Vn no sabía entonces que como 
ellas son el amor y los placeres, las ilusiones y 
la vida ' 

Ai.iii:kth Mkncos. 




Fray Bartolomé de las Casas 

Grupo en bronce de Tomás Mur. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



217 



s 5as primeras rosas. 

Ya no han de brotar garridas 
aquellas rosas de Mayo 
que al despertar de la aurora 
cogíamos en tu patio. 
Aquéllas, tan encarnadas, 
tan frescas como tus labios, 
que abrían del sol al beso 
temblando sobre su tallo. 
Aquéllas, ¡ ay ! las primeras 
de mi vida, sueño grato. 
Las que prendiste en mi pecho, 
las que tu trenza adornaron, 
las que ofreciste á la Virgen 
en puros fragantes ramos. 
Aquéllas que deshojabas 
sobre las varas del palio 
y arrojabas al sepulcro 
la tarde del Viernes Santo. 



Ya no brotarán garridas, 
ni las cogerán tus manos, 
ni las mirarán tus ojos, 
ni las besarán tus labios. 
Pasaron ¡ ay ! nuestras dichas, 
nuestras flores se agostaron. 
Ya están secos para siempre 
los rosales de tu patio. 



En vano ya en los jardines 
brotará sus flores Mayo. 
Fiesta serán de otros ojos ! 
De otros amores encanto ! 
Para mí fueron aquéllas 
las últimas que brotaron. 
De todas las que me brinda, 
tan sólo unas flores amo ; 
las que crecen en su tumba 
y se riegan coa mi llanto. 

Juan de Castro y Orgaz. 



(£1 artista. 



ílimas. 

(DE ENRIQUE HEINE.) 

Tu carta, dolor impío 
No me causa aunque es amarga ; 
¡ Ya no me quieres, bien mió ! 
Pero tu carta es muy larga ! 

¡ Doce páginas de un corte 
Menudito y apretado, 
Es escribir demasiado 
Para dar un pasaporte ! 

J. J. Herrero. 



Todo lo puede su fecundo aliento ; 
dueño de lo tangible y de la idea, 
transforma y cambia cuanto existe, y crea 
cuanto brota en su altivo pensamiento. 

El infunde á lo inerte el sentimiento, 
y la vida en lo inerte centellea ; 
y no hay nada impalpable á que no sea 
capaz de darle forma y movimiento. 

En su cerebro sin cesar palpita 
el germen de lo grande, y su mirada 
de lo alto á lo más hondo precipita. 

Nada le arredra ni le estorba nada : 
que su noble ambición, fuerza infinita, 
los imposibles vence y los horada. 

PÍO M. RlÉPELE. 



ia vc\cy 



Mienten los que nos dicen que la vida 
Es la copa dorada y engañosa 
Que si de amargo néctar se rebosa, 
Ponzoña de dolor lleva escondida. 

Que es en la juventud senda florida, 
Y en la vejez pendiente, que escabrosa 
Ha de cruzar el alma congojosa, 
Sin fe, sin esperanza y dolorida. 

Mienten : si la vejez sus homenajes 
A la virtud rindió, con sus querellas 
No contesta del tiempo á los ultrajes, 

Que tiene la vejez horas tan bellas 
Como tiene la tarde sus celajes, 
Como tiene la noche sus estrellas. 

Vicente Riva Palacio. 



^ucr^a y bortbab. 

(DE HORIZONTES.) 

Yo te admiro, Señor, en la tormenta 

Que iracunda revienta 
Por cima de los montes y los mares ; 
Yo te adoro. Señor, en esa altura 

Cuya techumbre obscura 
Tachonan las estrellas á millares. 

Sujetas ambas á tu augusta mano, 

Ante el linaje humano 
Una te aclama fuerte y otra bueno ; 
Pero, en. la turbación, como en la calma, 

Mejor comprende el alma 
La luz del astro que la voz del trueno. 

Federico Balart. 



21 8 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



£a 3ura be ^ernanbo Séptimo. 

Capítulo I. 

De cómo los buenos vecinos de esta noble y leal 
eibdad de Santiago de Goathemala, solían 
alegrarse y afligirse sin motivo justificado. 

tÁt»N Fernando el séptimo, monarca de Es- 

1*4 paña y de sus Indias, fué. en verdad, 

'Y uno de los peores tiranos c[tic lian exis- 

tido y el hombre menos digno de todo lo que 

por él hizo la noble nación española. 

Antes de que se conociera qué clase de be- 
llaco era el tal don Fernando, dábaseleel titulo 
de "amado" y de "deseado," quizás porque 
encarnaba para los españoles la idea de "pa- 
tria." Dicho sea en honor de la verdad, el 
napoleónico " Pepe Botellas," valia infinita- 
mente más, como rey y como hombre, que el 
primeramente "amadísimo," y después abo- 
rrecidísimo y temidisimo Fernando. 

A los americanos, la prisión de Fernando en 
Bayona, nos vino como de perlas, porque dio 
motivo á que pulsáramos nuestras fuerzas y á 
que, por separarnos de la España napoleónica, 
nos separáramos también, inconscientemente 
quizás, de la España borbónica y á que, por 
conservar intacto el patrimonio del monarca 
ibérico, nos lo embolsáramos, cargando con el 
santo y la limosna como suele vulgarmente 
decirse. 

Así la Providencia, según dice el reirán. 
hace por sendas torcidas las cosas derechas. 

En Guatemala causó gran júbilo é inusi- 
tado contento la noticia de la abdicación de 
Carlos IV y de la sucesiva exaltación de Fer- 
nando VII, verificadas el 19 de marzo de 
1808 en Aranjuez y de las que no se tuvo aquí 
noticia, sino hasta el 30 de junio del mismo 
año. 

No sé qué razones tuvieran los buenos gua- 
temaltecos para estar descontentos del (',<>- 
bierno del señor don Carlos IV; ni menos sé 
qué le iba ni qué le venía á esta obscura y 
apartada colonia con la caída del " Príncipe de 
la Paz," ni con los motines de Aranjuez. I,o 
cierto fué que, como si tales sucesos impor- 
taran nuestra dicha, los vecinos de esta ciudad, 
al tener noticia de ellos se sintieron f 
tados de alegría y determinaron festejarlos, 



como era moda, con fiestas y solemnidades de 
iglesia ; y señalaron el domingo 3 de julio 
para la celebración de una solemne acción de 
gracias que se verificó con la posible pompa y 
general asistencia de toda clase de vecinos. 

Todavía les duraba el gozo á aquellos nues- 
tros pacíficos bisabuelos, cuando vino á aho- 
garlo una tremenda, inesperada y espantosa 
noticia. V cata que ya tenia meses de fecha, 
pues no fué sino el día 14 de agosto que llega- 
ron unos pliegos, conteniendo noticias de la 
cautividad y abdicación del amado Fernando 
VII, que, cobarde para defender sus reinos, se 
juzgaba y confesaba inepto para gobernarlos. 

Para dar pública lectura á estos pliegos, el 
muy ilustre señor Presidente y Capitán Gene- 
ral don Antonio González Mollinedo y Sara- 
via, convocó á una junta presidida por él, que 
se verificó en el mismo día 14 en el Salón del 
Real Palacio. 

Concurrieron á esta junta el dicho Presi- 
dente ; los prelados de las órdenes existentes ; 
el Iltmo. Arzobispo ; la Municipalidad ; y, en- 
tre otros vecinos notables, los señores marqués 
de Aycinena, Antonio Batres, Bernardo Pavón, 
Mariano Ángel de Toledo, Rector de la Uni- 
versidad, Tadeo Pinol y Muñoz, Coronel de 
Caballería, Alejandro Ramírez, etc., etc. 

DiÓ cuenta el señor Presidente de los oficios 
recibidos y allí fué Troya. 

La concurrencia se indignó por la prisión del 
Rey Fernando; unos lloraban ; otros protes- 
taban ; otros, según un cronista, se llenaron de 
susto, de pavor y de agitación ; todos, á lo que 
parece, temían que Buonaparte penetrara á la 
sala y los hiciera trizas : y, por último, con 
energía y valor en puridad heroicos, determi- 
naron aquellos ilustres capitulares, desconocer 
la abdicación de Fernando VII y protestar en 
elevados términos contra su cautividad, reno- 
vando el juramento de serle fieles en todo 
tiempo y de no admitir jamás una dominación 
extranjera, acuerdo que en realidad honra á 
bis que le tomaron, siendo sólo di- sentirse que 
Buonaparte estuviera tan lejos de nosotros, que 
á haber estado más cerca, se guardara bien él 
de cautivar á Fernando y de andáis, metiendo 
1 11 bullas, ¡ Buenos somos y hemos sido los 
guatemaltecos para aguantar á nadie, asi sé- 
llame Napoleón Bonaparte ! 




Provecto dk Monumento Nación a i, 
Ejecutado por Tomás Mur por encargo del Ejecutivo. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



219 



Más ya que no era posible empuñar las ar- 
mas y acudir á libertar al gran Fernando, los 
atribulados habitantes determinaron mandar 
decir misas y celebrar funciones religiosas, 
para impetrar del cielo lo que no se podía fácil- 
mente obtener en la tierra. 

Duró algún tiempo la profunda tristeza de 
los chapines ; pero como todo es pasajero en 
este mundo, comenzaron ellos á consolarse y 
deseosos de divertirse de alguna manera, de- 
terminaron que no por estar cautivo el mo- 
narca se dejara de proclamarlo y de jurarlo, 
para lo que se empezaron á tomar las necesa- 
rias providencias. 

Ocupándose estaba el muy noble Ayunta- 
miento en los preparativos de la jura, cuando 
el día 17 de octubre de 1808, se recibió un 
extraordinario que traía una gaceta de México, 
anunciando, dice un cronista, los más prós- 
peros sucesos. El fundamento de tal notica, 
se encontró en un impreso del Capitán General 
de Córdoba (España) don José Galluzo, que 
decía á la letra : " Impreso. Córdoba. El 
Excmo. Sr. don José Galluzo, Capitán Gene- 
ral de este Exército y provincia, acaba de sa- 
ber por una carta recibida en este correo, las 
noticias siguientes. Por cartas recibidas de 
Bayona, todas contestes, se sabe haberse su- 
blevado la Francia, ya cansada de tanta guerra. 
Napoleón declarado por los Franceses enemigo 
de la Nación y mandado llamar por el Senado. 
Los reyes padres prisioneros. A Godoy, le 
quitaron la vida por orden del mismo Senado. 
Ntro. Héroe don Fernando VII Rey de 
España y restaurador de Europa." 

Ya ve el lector que si ahora se miente dono- 
samente por medio del cable, antes se mentía 
con mayor donosura por medio de la Gazeta. 
¡ Vamos que, Napoleón enemigo de la patria, 
Godoy asesinado, Fernando restaurando Eu- 
ropa, eran grillas algo talluditas, más, mucho 
más que las que hoy se estilan ! 

Y estos buenos vecinos, que tan fácilmente 
se entristecían hasta derramar lágrimas como 
se alegraban hasta cometer locuras, tomaron 
pié en el citado impreso de Córdoba, gacetilla 
que se dice ahora, para darse el más grande y 
el más inusitado alegrón de que por aquellos 
tiempos se tenía memoria. 

El día 1 7 se limitó la pública alegría á ca- 



rreras desenfrenadas por las calles, desconcer- 
tado repique de campanas y tremenda profusión 
de cohetes. 

El 18 continuaron las mismas manifesta- 
ciones ; con el aumento de que todos los veci- 
nos, desde el edificante fraile, hasta el finchado 
petimetre, se adornaron con la escarapela na- 
cional ; y, mientras unos traían pendiente del 
cuello el busto de Fernando, éstos adornaban 
sus sombreros con la cifra de su nombre, los 
artesanos lo grababan en sus obras y las 
damas se lo ponían donde mejor les cua- 
draba. 

Por la noche, dice la crónica de que toma- 
mos estos datos, " una turba de hombres des- 
nudos, hambrientos y despreciados, se presentó 
paseando, entre vivas y algazara, el retrato 
de S. M., con una comparsa hija precisa de su 
propia miseria." Se alumbraban con una an- 
torcha de ocote y metían ruido infernal con 
una concha de tortuga, dos vasijas de barro y 
un tronco hueco. 

i Bella música, por cierto ; y valiente manera 
la de los lanas, de festejar la próxima, segura 
é innegable caída del tirano Buonaparte, que 
mientras nosotros lo dábamos por caído, afir- 
mábase más sobre su trono resplandeciente de 
gloria ! 

Y no paró en esto el regocijo público. El 
día 19 hubo solemuísimo tedeum en la catedral, 
que entonces lo era el templo de Santa Rosa, 
por no haber sido concluida nuestra bellísima 
iglesia Metropolitana. Como no cupiera el 
pueblo eu Santa Rosa, se repitió el tedeum en 
San José. Hubo procesión de la Parroquia 
Vieja á San Francisco, precedida por el señor 
Presidente y personas notables ; hubo sermones 
en San Francisco y otros templos, predicados 
por los picos de oro de aquel entonces, los pa- 
dres doctor fray Miguel de Jesús Lanuza, ex- 
proviucial de San Francisco ; fray Mariano de 
Jesús Pérez y fray Mariano Rayón, Provincial 
de la Merced ; por último, en la noche hubo 
generales luminarias, cohetes, toritos, castillos 
y palos encebades ; y los insigues tejedores del 
barrio de San Sebastián colmaron el júbilo >a 
cando una lucidísima mojiganga. 

Lo dicho : aquellos pacíficos señores solían 
alegrarse y afligirse sin tener para ello mayo- 
res motivos. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



Capítulo II. 

Donde se verán los preparativos que se hieieron 
para la jura. 

■ A pesar de la cautividad del monarca, no se 
quiso dejar de jurarlo solemnemente, para 
darle asi testimonio fehaciente de la fidelísima 
lealtad de estas provincias del Rey tío de Goa- 
themala. 

Y con tanto mayor empeño se dispuso pro- 
ceder á la ceremonia, cuanto que á la sazón se 
recibió la Real cédula de 10 de abril de 1808 
en la que Fernando VII, aún no cautivo, orde- 
naba el levantamiento de pendones en su real 
nombre. 

Púsose, pues, todo en movimiento. El Ca- 
bildo ofició al Real Consulado para que el 
comercio contribuyera á la solemnidad y se 
dirigió al señor marqués de Aycinena, invi- 
tándole para que decorara el portal de la plaza 
mayor que correspondía á su título. Se con- 
vocó á los gremios de artesanos para que, en 
la medida de sus fuerzas, contribuyesen á la 
proyectada solemnidad. Concurrieron al Ca- 
bildo los maestros siguientes : sastres, Juan 
Valenzuela y Francisco Rivera ; carpinteros, 
Diego Náxera y Agustín Guevara ; plateros, 
Manuel Gálvez y José María Argueta ; herre- 
ros, Pedro Revulorio y León Lara ; talabar- 
teros, Mariano Antonio y Melchor Martínez ; 
zapateros, Mariano Mirón y Pedro Almengor ; 
pintores, Luis Santa Cruz y Felipe Ríos ; esta- 
tuarios, Gervasio Huertas y Martín Abarca ; 
tejedores, José María Mendizábal y Fermín 
Bobadilla ; coheteros, Francisco Martínez y 
José María de León ; sombrereros, Marcial y 
José María Arias ; albañiles, Manuel Antonio 
Arroyo y Eduardo Quiróz ; tocineros, Pascual 
Baylón y José Mariano Valdés ; músicos. Vi- 
cente Sáenz y Francisco Aragón ; panaderos, 
Manuel Quevedo y Román Barrientos ; barbe- 
ros, Basilio Carranza y Patricio Barrera y el 
peluquero Ángel Porras. Fueron introduci- 
dos á la Sala del Cabildo, y el alcalde don 
Antonio de Juarros les dirigió un breve y enér- 
gico discurso excitándolos á tomar parte en la 
celebración próxima de la jura á la que aque- 
llos gustosísimamente se ofrecieron. 

Para conmemorar el acto de la jura se batie- 
ron varias medallas. 1*1 muy noble Ayunta- 



miento las hizo de tres clases : dos de oro y 
plata para repartir á las corporaciones y par- 
ticulares beneméritos, con la inscripción "A 
Femando VII, Rey de España y de sus In- 
dias" en el anverso, y "La M. N. y M. L. 
Ciudad de Guatemala año de 1808," en el 
reverso ; y una pequeña de los tamaños de uno 
y dos reales, con el busto é inscripciones, alu- 
sivas, con objeto de arrojarlas al pueblo el día 
de la jura. 

A imitación de la Municipalidad batieron 
medallas el Iltmo. Cabildo Eclesiástico, la 
Real y Pontificia Universidad, la Administra- 
ción de Correos y el Real Consulado de Co- 
mercio. Todas estas medallas debían ser re- 
partidas el día de la jura, para que los con- 
temporáneos conservaran de ella gratísima y 
perpetua memoria. 

Para la ceremonia misma se improvisó un 
hermoso edificio en la plaza de armas, la que 
hubo de despejarse de gran parte de los cajones, 
sombras y puestos de ventas, que constituían 
nuestro antiguo mercado y los cuales, provi- 
sionalmente, se trasladaron á la Plazuela del 
Sagrario que es, precisamente, donde se en- 
cuentra hoy nuestro grande, pero ya insufi- 
ciente mercado municipal. 

Tal edificio fué colocado en la parte occiden- 
tal de la plaza, frente á la puerta de la Audien- 
cia, que es la misma que hoy abre paso á los 
Magistrados de la Corte Suprema de Justicia. 

El edificio tenía forma de octágono irregular. 
Cuatro de sus caras eran mucho mayores que 
las otras, intermedias. La forma general era 
como á manera de kiosko ó de templete. Por 
dentro, formaba un salón, donde había de veri- 
ficarse la jura. 

Pero lo notable de esta máquina cuya cons- 
trucción se encargó al perito carpintero Agus- 
tín Guevara, eran las estatuas y pinturas que 
la cubrían y decoraban y que fueron debidas á 
los pintores Luis Santa Cruz, Mariano Pontaza, 
José Muñoz, Dionisio Contreras y Juan José 
Rosales que formaban artistas en aquella atra- 
sadísima época, una brillante escuela de pintura 
como no la tenemos hoy ni quizá la tengamos 
en mucho tiempo, dado que el sentimiento de 
estética se ahuyenta cada día más de nosotros 

Juan dk Mata, 
i (Continuará.) 




Estatua en Mármol 

Obra original de Tomás Mur, con destino al sepulcro de la Sra. Andrea N. de Padilla 

(A. G. Valdeavellano, Fotógrafo.) 



LA ILUSTRACIÓN DEL PAC/F/CO 



dnacromsmos. 

En la "Comedia de los errores" Shakes- 
peare, hablando de la antigua ciudad de Efeso, 
hace alusión á ducados, marcas, gremios, así 
como á las monjas de un convento, lo mismo 
que á un reloj de repetición. 

En " Kiug John " ven " Macbeth," se ha- 
bla de cañones. En " Coroliano " se hace re- 
ferencia de Alejandro, Catón y Galeno, quienes 
como se sabe vivieron mucho tiempo después 
que aquel célebre general romano. 

Casio, en "Julio César," habla de relojes de 
campanillas. 

Los pintores del Renacimiento no eran tam- 
poco muy cuidadosos de la exactitud histórica 
en mis obras. 

En una pintura de Alberto Durero, repre- 
sentando á San Pedro en el acto de negar al 
Salvador, figura un legionario romano fumando 
una pipa de tabaco. 

Existe un cuadro holandés en el que Abraham 
sacrifica á su hijo Isaac, disparándole un mos- 
quetazo en la cabeza. 

El Tintoreto pintó á los Israelitas recogiendo 
maná en el desierto, y armados de fusiles. 

En un cuadro de Ghirlandajo, que representa 
la adoración de los Santos Reyes, se ven al 
lado de la Virgen dos ángeles, uno vestido á 
usanza de los paladines de la Edad Media y 
el otro con un traje de joven alemana, muy pa- 
recido al que usaba Margarita de Fausto. Este 
cuadro ha sido reproducido por "La Ilustra- 
ción Española y Americana " en el número 
XLVII del año próximo pasado. — (1897.) 

pjrticularicaees oe algunos autores. 

Los placeres del trabajo de composición nunca 
fueron mejor descritos que como lo hizo Buffon, 
quien decía : ' ' estos son los momentos más 
deliciosos y provocadores, momentos que me 
han seducido á pasar catorce horas en mi es- 
critorio en un estado de trasporte indescrip- 
tible. Esa satisfacción, más que la gloria, ha 
sido mi recompensa." 

Los antiguos eran pertinaces en sus correc- 
ciones. Isócrates empleó diez años en com- 
pouer una de sus obras. En nuestros tiempos 



Flaubert se le asemeja, pues duró otros tantos 
en componer y corregir á " Madame Bobary." 

Después de trabajar once años Virgilio en su 
Eneida la creía todavía imperfecta. 

Casio dedicó doce años á escribir su his- 
toria, y Diódoro de Sicilia, treinta. 

Descartes acostumbraba quedarse en la cama 
todo el día. 

Rousseau y Pope se procuraban el lecho al- 
gunos de sus mejores pensamientos. 

Mezarai, el historiador, se encerraba de día 
en su escritorio, encendía velas y solo así podía 
trabajar. 

Milton acostumbraba dictar á sus hijas una 
tirada de versos que después reducía á la mitad 
ó á la tercera parte. 

Isaac Newton confesó á un amigo que había 
hecho su Cronología de los antiguos reinos 
diez y seis veces. 

Cuando el gran Bossuet tenía que componer 
una oración fúnebre leía á Homero en el ori- 
ginal griego para levantar su estilo, y de ese 
modo dice " encendía mi lámpara en los rayos 
de aquel sol." 

Voltaire, hablando de Fenelon dice que aquel 
amable escritor compuso su Telémaco en el 
retiro, en el corto espacio de tres meses, aun- 
que para ello se había formado el estilo empa- 
pándose en el espíritu de los antiguos clá 

Rouss:au que poseía un espíritu entusiasta 
en ciertas materias, consagraba al objeto de 
sus pensamientos noches enteras, largas y sin 
sueño, meditando en la cama, sus periodos en- 
tre un tumulto de ideas, mas cuando se levan- 
taba y se había vestido todo se había desvane- 
cido no encontrando nada que escribir. 

Johnson dice que escribió " La vida de Sa- 
vage en treinta y seis horas, y en mía noche su 
Hermita de Tenerife. 

Bernardino de Saint Pierre copió su Pablo y 
Virginia nueve veces, con el objeto de corre- 
girla y perfeccionarla. 

Miguel Ángel conservó su genio creador 
hasta una edad muy avanzada ; se dice que 
inventó una divisa que consistía en un anciano 
caminando sobre un carro, con un horario sobre 
el tope de este y con la siguiente inscripción : 
Aurora inipara. Aun aprende. 



LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO 



REiZISTR BURSÁTIL. 



Banco Internacional 

" de Guatemala 

Americano 

Agrícola Hipotecario. 
de Occidente 

Colombiano 



NO. DE 
ACCIONES 



I.ooo 
2,500 
I,ooo 
2,000 
I5.000 
I.687 



CAPITAL DESEMBOLSO ÚLTIMO 

POR ACCIÓN POK ACCIÓN DIVIDENDO 



$ 2 ,000 
I.OOO 
1,000 
4,000 
100 
I.0O0 



f 1,400 
600 
600 

2.000 
100 

1,000 



Ji5° 
50 
40 
75 



COTI- 
ZACIONES 



Í3.30O 
850 
700 

1,800 
100 

1.300 



Compañía del Muelle de San José 

" Champerico . 

de Agencias 

la Nueva Industria 

Ferrocarril t'rbano. 
Ageucia Marítima Nacional 



6,000 
6,000 
5,000 
■34 
400 
2,200 



$ 100 

100 

100 

1,000 

50 



t 87 

33 

66 

1,000 

50 



f 150 

200 

45 

1,000 
45 



VALORES DEL GOBIERNO 



DEUDA 
BHITIDA 



DEUDA INTERÉS 

AMORTIZADA MENSUAL 



SERVICIO 

MENSUAL 



COTI- 
ZACIONES 



Deuda Interna 

Bonos clel Ferrocarril del Norte.. 

Acatan 

Deuda Externa 



1,481,900 

775.000 

f] ,600,000 



211,800 
.¿"50,060 ' 






¿1.25° 



$44 
28 
85 
34 



Londres 

París 

Hamburgo 

lispaña 

Milán y Genova . 

Kl Salvador 

Nueva York 

San Francisco .... 

México 

['anaína 



160.00 
15900 
15300 
105.00 
14500 
0.00 
160.00 
160.00 
00.00 
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GANGA! Se venden terrenos en la parte más sana de la capital. 

Informarán en la Redacción de LA ILUSTRACIÓN DEL PACIFICO. 



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numerosa clientela los más acttbados en 



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tipo. etc.. etc. Iluminaciones artísticas // caprichosas. 
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El único establecimiento de primera clase en el 
" Boulevard 30 de Junio" — Patrocinado por toda la 
elegancia de Guatemala. 

Este Restaurant cuenta, para el entretenimiento de 
su K raI1 clientela, con una galería de tiro al Illanco, 
de 25 metros, para carabina y pistola; tiro de paloma 
(con premio de media botella de champagne) ; juegos 
de zapos; juegos de bochas ; un magnífico aparato 
para gitiinacia ; y varios saloncitos privados para 
familias. 

Se sirven á todas horas suculentos lunches ; y orde- 
nándolos con anticipación de diez a cien cubiertos, 
almuerzos, comidas y banquetes al gusto del más 
exigente. 

La cantina siempre está surtida de un selecto y 
variado surtido de vinos, cervezas, licores y conservas 
de las mejores marcas europeas. 

Rigen los mismos precios que en la Capital. 

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Establecimiento de Instrucción Primaria, 

Secundaria, Agrícola, Comercial y 

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DIRIGIDO POR 



Santiago de Guardiola 



12a Avenida Sur, No. 31 



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de Cursos y Exámenes, local de moderna construcción, con 
salones y dormitorios amplios y bien ventilados aluí 
eléctrico; baños, gimnasio, patios de recreo mat rial de en- 
señanza completo y profesores de reconocida competo n< 

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ilutares, Inglés, Francés y Latín. 

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Mediante una módica pensión y poi mi método enteramente 
practico, se dan en dicho establecimiento clases nocturnas de 
Teneduría de Liaros, fngti Mercantil. 

Para los alumnos de segunda enseñanza el " Liceo Guatemal- 
teco " ofi tras ventajas! las de que ademas de las nía 
1. 1 ia- que ls Ley di Instrucción Pdblies ■ estudia 
en este establecimiento el idioma latino, tan útil 
i [miento perfecto de la lengua nacional > ■!« que !«>* cursantes 

de "Ciencias y Letras podrán lian r si inultáin a ni. Q 

IOS eatudlOS del Bachillerato, lofl c.ui < spon.lu -ni 

reto, que tanta- v. ntajas ofrece A la juventud 
Inmediata aplicación, verificando los exámenes en el 
establecimiento' 

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SUCURS AL EN GUA TEMALA 

I pagado $1,650.000.00 

Fondo para dividendos 2S0.000.00 

Fondo para eventualidades 60,998.50 

1 700,000.00 

Capí tal total $2 ,690,998.5o 

AGENCIAS: 

Retalhuleu E. Ascoli & Cia. 

San Felipa IC. Weissejiberg 

Mazatenango Gabriel E. Monzón 

Huetiuetenaiigo Manuel Pérez 

Hace toda clase de operaciones bancadas. Compra 
y expide giros sobre los Estados Unidos y Europa. 

Abona por depósitos á 3 meses 5% anual 

^ 6 " 6 

DIRECCIÓN : 

J. F. Ponciano. Baltasar Estupinian. 

J. V. Aparicio, Gerente. 

BANCO DE GUATEMALA 

ESTABLECIDO JULIO 15 DE 1895 

Capital Autorizado $10,000.000.00 

Capital Suscrito 2,500,000.00 

Capital Pagado 1,500,000.00 

Fondo de Reserva 1,000,000.00 

Fondo para Dividendos 15,000.00 

dirección : 

ADOLFO STAIIL, FIUU'KO CAUCHO, AMOMd CARRERA, 

CARLOS GALLUSSER, Gerente. 

AGENTES : 

Quezaltenango Banco de Guatemala 

Antigua Julián López C. 

Cobán Ricardo Sapper 

Escum tía Herrera & Cía. 

Patulul Ricardo Muñoz 

Retalhuleu E. Ascoli & Cia. 

Santa Lucia Hesse & Dahll 

Banco Inte rnacional de Guatemala. 

Capital Pagado $1.400,000.00 

Fondo de Reserva 1,391,000.00 

Fondo para Dividendos 192,717.80 

Fondo para Eventualidades 422,337.46 

Capital total $3,406,055.26 

El Banco abona por depósitos á 3 meses ¡Z anual 
6 " 6 " 

DIRECTORESi 

Felipe Márquez, Guillermo Agairre, Pedro J. Sánchez, 
C. B. PULLIN, Gerente. 



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Accesorios de Farmacia, 



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Elena ; continuación de la gran avenida del 
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Ramóu Guzmán Quezaltenango 

(Peluquería de Londres) 

Antonio Tejada A Antigua 

Licdo. Manuel A. Nuñez Cobán 

Ángel F. Plazaola Chinandega, Nicaragua 

Antonio Font San José de Costa Rica 

José D. Corpeño San Salvador 

Juan Ramón Molina Tegucigalpa, Honduras 

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Repollo, Zanahoria, Nabo, Tomate, Chile 
dulce, Berengena, Pepino, Peregil, Cebolla, 
Remolacha, Eucalyptus y Cypres. Todas son 
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Benjamín Delvalle, 



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